El sueño evangélico de la colectividad

 

La sana esquizofrenia se revela como productora de sentido, como constructora compleja de todas las posibilidades, como audacia del improbable individuo para poner toda la potencia al servicio de una revolución permanente, la revolución más radical y pendiente –la vida, sin sujeciones. (Entre mis notas pero me suena a José Luis Brea, que sirva de prefacio)

I´ll be your mirror, 1999
Impresión digital montada sobre aluminio
185 x 120 cm
edición 3 de 3

Estimado amigo, para plantear una deriva hay que dar por descontado que el individuo ha naufragado. La crisis está presente en todo momento, pero ha dejado de ser importante, es el estado de las cosas. La dirección carece de relevancia y no hay más punto de referencia que el que ocupa el cuerpo. Este punto no existe como tal, es una ilusión que se desvanece tan pronto como lo pensamos. Al hacerlo nos desplazamos hacia otro punto impensado desde el que reconocer el anterior. Esta fugacidad conlleva la superficialidad necesaria para flotar en este diálogo polifónico de especulación absolutamente aleatorio. Un abrazo.

Hacia el paisaje, 1999
Basalto, bronce
90 x 60 x 120 cm

http://futuropublico.net/2010/10/12/una-critica-en-forma-de-escultura/#more-1766

Toda la obra está sobreactuada, tiene un exceso formal y retorico que la hace parecer distante, ensimismada. Son movimientos torpes que evidencian la imposibilidad de una medida precisa. Su “economía de la representación” está quebrada. Sólo se tienen a si mismas para no significar, para actuar de otra manera, parecida al cine, en la que se establece un recorrido potencial y virtual, una sucesión, en la que el objeto funciona como campo.

Imagen señuelo (aparato de captura), 1999
Bronce
Medidas variables

Curiosamente lo que llamábamos desierto, en el trascurso de las derivas, al habitarlo y producir esas “secuencias”, lo hemos terminado ordenado en forma de jardín. Toda la escena está engendrando un jardín. Las piezas proclaman su pertenencia al jardín: bustos, frutos, cancelas, ruinas… pero un jardín fantasma. La disposición que deviene jardín como metáfora civilizatoria queda anulada en su proclamación fantasmal. No es el deseo de un nuevo orden, sólo es la consecuencia de habitar el desierto.

Ironia de la feminidad, 1999
Impresión digital montada sobre PVC
29,7 x 21 cm c/u
edición 6 de 6
La maldición de Magritte, 1999
Impresión digital montada sobre aluminio
185 x 120 cm
edición 3 de 3

Detrás de todas las ideas persiste la necesidad de dar cuerpo, el gran ausente, o mejor presente en tanto que todos son dispositivos que lo asisten o limitan. Ahora descubro que este espacio “escénico”, donde se está desenvolviendo la obra, el jardín (no deseado), sólo es representado en la historia a través de los cuerpos. Es el espacio de los cuerpos.

Traje de novio, L.H.O.O.Q., dibujo-señuelo, 1996
Impresión digital sobre papel
29,7 x 21 cm c/u
edición 1 de 1

Se puede hacer desierto, sólo hay que desearlo y todo se desvanece. Puedes admirar su bastedad y recorrerlo, pero en cuanto lo habites, aunque sea mínimamente, se parcela, se “administra” surge el lugar y con el sus límites y todo lo que ello acarrea

Instalación en la SAC Santa Cruz de Tenerife, 1999
Delante: Hacia el paisaje
Atrás: El sueño evangélico de la colectividad

Instalación en La Regenta, Las Palmas de Gran Canaria, 1999
Delante: Imagen-señuelo
Atrás: I´ll be your mirror

Corona de las frutas, 1996
Rotulador pigmentado sobre papel
38 x 64 cm

La figuración, entendida como en teatro, produce esquemas complejos que remiten a otras cosas (alegorías), en las que no es posible abarcar ninguna perspectiva completa de lo que hacemos. No se trata de la trascendentalidad de la experiencia, sino de su inabarcabilidad. No es la suspensión del eco, sino su máxima reverberación.

Ídem, 1998
Yeso, madera, óleo
144,5 x 40 x 40 cm
Instalación en La Regenta, Las Palmas de Gran Canaria, 1999
Instalación en la SAC Santa Cruz de Tenerife, 1999

Del minimalismo y su facilidad para ausentarse sorprende la enorme capacidad para alojar agenciamientos. También para constituirse en materia básica de estructuras lingüísticas. Mantener a raya el minimalismo, su relación con el espacio y la producción de situaciones. Como estructura básica es vulnerable a la retorica, pierde toda su complejidad para ausentarse en el timbre silencioso de lo metafísico.

Ídem, 1998
Yeso, madera, óleo
6 Cabezas 51,5 x 20 x 23 cm c/u
La blanca, 1996
edición en offset
15 x 21 cm

La negra, 1996
edición en bronce
21 x 10,5 x 4,5 cm

Inclinación natural, 1999
impresión sobre cartón
120 x 190 cm
Camuflaje I y II, 1996
Impresión sobre papel
29,7 x 21 cm c/u

El género artístico se resuelve en la irremediable condición de los materiales y las formas de representarse a si mismos, presentándose como ready-made, incluso su capacidad sintáctica y su derivación académica acentúan esta condición. Por eso cualquier intento de reutilización de los materiales y las formas pasa por la derivación alegórica. Referirse a otro “a pesar” de sí mismo.

Los aspectos formales solo tienen un valor retórico, barroco. No es la negación del estilo, es el estilo de la negación.

El sueño evangelico de la colectividad, 1999
(máquina barroca)
Óleo sobre lienzo
3 (120 x 190 cm)
Máquina barroca, ejercicio de caligrafía, tan peligrosa como cualquier ejercicio tipográfico. Durante el periodo disciplinario la búsqueda del dominador de la forma se asemeja al castigo del que tiene mala escritura. Repite cien veces, repite miles de veces. Dentro del juego siniestro la tortura se multiplica exponencialmente por cada figura, hasta el extremo de que cada una de ellas pretende ser la misma y absolutamente diferente. Un vez abandonado el juego (por aniquilación) este se haya por siempre inconcluso. El nuevo individuo lo cierra en sí mismo. El fruto tipo, el que es todos y ninguno, asume el puesto de todos los demás, se multiplica y obstruye cada derivación incluso la suya propia, porque no es sino una imagen repetida de sí mismo.
Tan lejos, tan cerca, 1999
Contrachapado de madera
240 x 135 x 310 cm
Talismán, 2008
Pieza de bolsillo
95 x 18 x 29 mm
edición 1 de 1